LA VIDA A UNA CARTA
Escribía Julián Marías: “Siempre he creído que la vida no vale la pena más que cuando se la pone a una carta, sin restricciones, sin reservas; son innumerables las personas, muy especialmente en nuestro tiempo, que no lo hacen por miedo a la vida, que no se atreven a ser felices porque temen a lo irrevocable, porque saben que si lo hacen, se exponen a la vez a ser infelices”.
Una de las carcomas de nuestro siglo es ese miedo a lo irrevocable, esa indecisión antes las decisiones que no tienen vuelta de hoja, esa huída de lo que nos compromete “pero no del todo”.
Veamos la vida matrimonial. El problema del divorcio no es tanto que algunas parejas se separen, como que se difunda una mentalidad de matrimonios provisionales, de matrimonios-a-prueba. El hecho es que en todos los países donde la ley del Divorcio se introdujo, empezó a crecer y no ha dejado de aumentar. Muchos jóvenes comienzan su amor diciéndose: “Y si las cosas no van bien, nos separamos y tan amigos”. Esto, dicen, es más civilizado. Pero yo no estoy nada seguro de que ese amor con reserva sea verdadero amor.
Este pánico a lo irrevocable se ha convertido en una de las características espirituales de la mayor parte de nuestra juventud y de un buen porcentaje de adultos. La gente no es amiga de jugarse la vida a una carta en ningún terreno; lo más grave es que esto se está presentando como un ideal, como lo inteligente, como, lo civilizado. ¿Con qué razones? Te dicen: todo es relativo, comenzando por uno mismo. Es cierto que hay muchas cosas relativas en la vida, muchas ante las que un hombre debe permanecer y en las que hasta será bueno cambiar en el futuro, cuando se vean con nueva luz. Pero, relativizarlo todo, ¿no será un modo de no llegar nunca a vivir?
En realidad, esas cosas permanentes son pocas: el amor que se ha elegido, la misión a la que uno se entrega, unas cuantas ideas vertebrales y, entre el/as, desde luego, para el creyente, su fe.
Por esas tres o cuatro cosas hay que estar dispuesto a jugar a una sola carta, precisamente porque esas cosas o son enteras o no son. Así de sencillo: o son totales o no existen. Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor “a ver coma funciona” es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede fracasar; pero un amor con condiciones no solo es que nazca fracasado, es que no Ilega a nacer.
JLMD
30 April 2010 a las 1:31 pm
Crea un poco de nostalgia el ver como los jovenes de ahora No quieren asumir el verdadero sentido del Amor de una manera completa y desinterezada.
El Amor va mas alla de lo fisico y del romanticismo,
el verdadero amor se consigue entregandose por completo de una manera libre y responsable, asumiendo el compromiso que se hace el dia del matrimonio primeramente con nosotros y seguidamente con Dios . El es el que da la proteccion y la gracia para que los matrimonios se sostengan . Por eso no devemos de apartarnos de la presencia de Dios.